December 3, 2021

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Jeairy Segarra: un ejemplo de lo que es amarse y aceptarse con valentía

A los 15 años, Jeairy sufrió un accidente en su hogar que le provocó quemaduras graves que cambiaron su rostro. (Foto: Ricky Reyes)

Víctima de un incendio que transformó su cuerpo, esta mujer ahora es portavoz de una campaña de productos de belleza y se dedica a llevar un mensaje de amor propio.

Dice un viejo refrán que “todo depende del cristal con que se mire”. Hay experiencias que para unos puede significar el final de la vida y para otros, el comienzo de nuevas oportunidades. Con ese enfoque, Jeairy Segarra lleva 23 años dando gracias cada vez que abre sus ojos ante un nuevo día.

“En la vida he tenido situaciones en las que la gente me pregunta cómo puedo estar todavía sonriente. Mi felicidad no depende de cosas externas. Mi felicidad depende de mí. Por eso es que busco hacer todo lo posible para nutrir mi alma, mi espíritu, mi mente de la misma forma que tengo que nutrir mi cuerpo todos los días. En la mañana lo primero que hago es orar y darle gracias a Dios por un día más de vida”, comenta.

A los 15 años, Jeairy sufrió un accidente en su hogar que le provocó quemaduras graves que cambiaron su rostro y, poco a poco, todo su cuerpo. Pero ella no se enfoca en esas alteraciones a su aspecto físico, sino en la dicha de poder contar lo que le ocurrió aquel 27 de octubre de 1998 y todo lo que ha aprendido desde entonces.

Un mes después del paso del huracán Georges por la isla, el área donde vivía junto a sus padres estaba sin luz. Semanas antes, la joven había sufrido unas convulsiones que le hicieron perder la memoria, por lo que fue sometida a varias pruebas, entre ellas, una en la que le colocaron unos electrodos en el cuero cabelludo que, al sacarlos, le dejaron rastros de pega. El médico le recomendó eliminar la pega con el uso de unos aceites.

“Mi mamá estaba tan agotada y se recostó para luego ayudarme a quitar el pegamento. Adolescente, testaruda y voluntariosa al fin, quise hacerlo yo misma. Me sentí tan impotente durante una semana viviendo prácticamente en el limbo que dije, ‘yo puedo hacer esto’”, recuerda.

Mientras su madre dormía y su padre encendía la planta eléctrica, ella buscó el aceite y una vela para alumbrarse.

“Comencé a remover el pegamento. Llegué a una parte en donde yo no me veía bien porque la iluminación de la vela no era suficiente. Me echo un poquito más hacia adelante y cuando estoy restregando en el área izquierda de la frente, el cabello se desliza sobre el hombro y toca la flama de la vela. En menos de un segundo yo paso a ser una antorcha humana. Me convertí en una bola de fuego gigantesca”.

Segarra recuerda que sus gritos fueron tan desgarradores que su madre despertó y corrió por la casa a oscuras hasta que la encontró en el baño envuelta en llamas. Su primera reacción fue abrir la ducha y apagar el fuego que la consumía del pecho hacia arriba.

“En ese momento que ella me apaga las llamas, mi papá logra prender el generador y se ilumina la casa. Mami se encuentra con este único cuadro de que me ve totalmente carbonizada. Me quemé de parte del pecho hacia arriba, los hombros, mitad de espalda, toda mi cabeza, todo mi cuello, toda mi cara, mis manos y mi mamá se quedó fría”, relata.

Segarra recuerda que cuando su madre salió en busca de su padre y ambos se encontraban nerviosos ante la escena, ella “tenía una paz que es indescriptible, que solamente Dios te la puede dar”.

“Antes de salir al hospital me vi en el espejo. Es una imagen que jamás se me va a olvidar, y entonces, así mismo como vemos en la televisión y en las películas estos ‘flashbacks’ que te muestra tu vida entera, casi todos mis primeros 15 años de vida, pasaron por mi mente en segundos. Sabía que las cosas no serían iguales y si salía de esa dependería mucho de mí cómo iba a ser el resto”, cuenta.

“Soy un rompecabezas”

La recuperación tomó casi seis años y 175 operaciones en las que le removieron piel de otras partes del cuerpo para colocarla en las áreas del rostro, cuello, pecho, hombros y espalda.

“Donde único no me han sacado piel es del abdomen y de la pantorrilla izquierda. El resto (del cuerpo) soy un rompecabezas”, describe la mujer que sufrió quemaduras de segundo y tercer grado.

Uno de los momentos que más recuerda fue cuando, estando en el hospital y luego de varias operaciones y tratamientos, le pidió a su madre un espejo para verse. La mujer dudó y puso excusas, pero al final no le quedó de otra que complacerla.

“Cuando logré que mami moviera la cama, me veo al espejo, del cuello para arriba tenía crema y vendaje. Dije que me parecía a la bola blanca de billar”, comenta Segarra, quien tiene una personalidad extrovertida y alegre.

Según comenta, el ‘bullying’ al que estuvo expuesta durante toda su niñez -por ser velluda y tener una voz fuerte- la preparó para todo lo que le tocó vivir a partir del accidente.

Mis papás siempre me decían que recordara que no soy lo que la gente piensa. Todos somos distintos. Crecí en un ambiente con mucho refuerzo cristiano, espiritual y seguridad en mí. Esos años antes de mi accidente, tanto ‘bullying’, fue un preámbulo de Dios preparándome para lo que venía”, comparte.

Su manera positiva de ver la vida no solamente le ha servido para lidiar con las secuelas del fuego que casi le cuesta la vida, sino también para manejar los comentarios hirientes que ha recibido.

A lo largo de estos más de 20 años, le han cuestionado por qué no se ha suicidado y hasta una mujer la acusó de maltratante por traer dos hijas al mundo y exponerlas a burlas por el aspecto físico de su madre. Ella cuenta que cuando le comenzó a crecer el cabello y salía de la casa, no faltaba quien se lo halara para verificar si era una peluca. También se ha enfrentado a miradas de lástima, horror, asco y hasta compasión.

“Lamentablemente es la mentalidad que hay. He aprendido que las personas proyectan sus inseguridades, las personas proyectan su dolor, su trauma. Es difícil para muchos ver y entender que una persona que se ve diferente físicamente simplemente pueda caminar feliz de la vida. Puedo comprender el punto de vista de las personas y los trato como me gustaría que me traten a mí. Es mi forma de educarlos sutilmente”, asegura.

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Golpe mortal

No obstante, recuerda un comentario que le caló hondo. Justo antes de que ella viajara a una de sus operaciones, un familiar la llamó para preguntarle cómo quedaría finalmente. Ella le respondió que sabía que no volvería a ser igual físicamente y tampoco lo pretendía. Entonces fue cuando el hombre le dijo las palabras más hirientes: “Cuando termines tu procedimiento y tu proceso, déjame saber para verte y saber cómo quedas, a ver si algún día puedes llegar a ser un ser valioso en mi familia y en la sociedad”.

Segarra recuerda que se guardó el comentario, pero le causó mucho daño, tanto que hasta la recuperación de esa operación fue más difícil que las anteriores. Cuando llegó a Puerto Rico, pidió a sus padres buscar ayuda psicológica y psiquiátrica.

Yo no necesito ni que él ni que más nadie me acepte, porque he aprendido que no hay nada más importante en la vida que aceptarse y amarse uno mismo. Si yo no me acepto, si no me amo, no puedo demostrar amor, no puedo experimentar lo que realmente es el amor. Por eso es que entonces aprendí a aceptarme tal cual soy, con mis miles de cicatrices”, afirma a sus 38 años de vida.

Luego de la última operación de reconstrucción a los 21 años, Segarra no ha vuelto al quirófano. Se ha dedicado a cuidar su piel y también a vivir a plenitud. Se casó, tuvo a sus dos hijas -Audrey, de 15 años, y Amber, de 13– y se ha desarrollado como motivadora y empresaria al lado de su hoy exesposo.

Tiene una línea de productos naturales con recetas originales, llamada “Como coco” y su plan es sacar al mercado una línea de ropa, vasos y otros artículos con mensajes positivos.

Será una portavoz

Los ejecutivos de Dermablend -que se especializa en maquillaje para cubrir manchas, cicatrices y emparejar el tono de la piel- le hicieron recientemente un acercamiento para ser parte de su nueva campaña llamada “Proudly you” junto a otras ocho personas con diversas situaciones que afectan su piel.

Para ella no se trataba de algo nuevo, pues ha usado la marca por años, pero lo que la hizo aceptar sin pensarlo mucho fue la oportunidad de llevar un mensaje a quienes sufren porque su piel no se ve tan “perfecta” como algunos esperan.

“Tenemos que aceptarnos unos a otros con todas las virtudes y defectos. También es importante el amor propio. Eso fue una de las cosas que me hizo unirme a Dermablend y es que ellos fomentan el mismo mensaje que yo vivo y es amarnos y aceptarnos tal cual somos. Tenemos que estar orgullosos de quienes somos en nuestra propia piel. Es algo que emanas a través de tu mirada y tu sonrisa. No hay nada más lindo que mirarte al espejo y sentirte cómoda. No hay nada ni nadie que te pueda quitar ese sentimiento”, concluye.

Fuente Elnuevodia

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