December 8, 2021

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🇻🇪Anasoli: la guerrera del pueblo gayón

Anasoli fue una guerrera indígena que defendió con gallardía a sus hermanos y hermanas del pueblo Gayón y a sus tierras, de la tiranía española. Fue líder de los gayones y estuvo al frente de su pueblo durante el proceso de “colonización, invasión y civilización, el cual implicó el ejercicio de distintos mecanismos para someter a los pueblos originarios”, refiere Dulce Marrufo, directora del Centro de Historia Larense y vocera local ante la Red Nacional de Memoria y Patrimonio.

La nación gayona, grupo al cual perteneció esta guerrera, comprendía lo que hoy en día es Cojedes (San Carlos), Portuguesa (Acarigua-Araure), Lara (Sanare), Bobare (Barquisimeto), Jiménez (Quíbor), Morán (El Tocuyo) y Yaracuy (Yaritagua). Marrufo señala que Anasoli sale a la palestra en el estado Lara, en el período de la colonia, cuando Barquisimeto era solo una jurisdicción (la cual se prolongaba hasta Portuguesa), que luego evoluciona a provincia hasta llegar a estado.

Mapa del pueblo de la guerrera indígena

Bobare es el pueblo natal de Anasoli, comentó Marrufo. Es allí donde los españoles montan una Misión, donde se ejecuta un proceso de domesticación de los aborígenes, a quienes orientaban con el bautismo y se estableció por imposición de la Monarquía Española, en alianza con el estado eclesiástico.

Anasoli era una mujer de mediana estatura, piel trigueña, cabello liso muy largo, que descansaba sobre sus hombros. Dejaba aflorar su ingenio en las negras pupilas de sus ojos penetrantes. Su mirada fija resaltaba y escudriñaba el pensamiento de quienes la logran observar. Siempre vestía con adornos en su cuello, con dos collares gruesos elaborados de piedritas de colores y huesos perforados. Usó zarcillos de madera; pero en la oreja del lado izquierdo, lucía dos plumas de guaca y de paují para que los espíritus la condujeran en la guerra.

La trascendencia de Anasoli es porque “no solo se quedó en su condición de diaos (líder)”, señaló Marrufo, sino que incorporó a las mujeres de las familias a defender y desempeñar un papel fundamental en la organización guerrerista. “Anasoli representa la dignidad de la mujer y de los pueblos originarios”, acota la investigadora.

Vuelta al sol

Pastora Hernández, vocera del pueblo gayón e integrante del consejo comunal “Los Adivinos de Cucharal”, describió a Anasoli como “luz de nuestro campo” y “la que nace todos los días con la salida del sol”. Así la identificaban los taitas (ancianos) gayoneses.

Hernández argumentó que el 17 de octubre de 1813, en La Puerta de Bobare, gran parte de la nación gayona fue sometida por los misioneros; pero quedaron descendientes de valientes y aguerridos guerreros, en el caserío “El Cucharal”, mejor conocido como “Los Adivinos del Cucharal”. Su nombre se debe a que aparecía  un gran venado que solo se veía cuando los pobladores arreaban el rebaño de animales, sin  fonda, por eso la gente decía “este venado es adivino”. Cucharal era por la gran cantidad de árboles de Cucharos que existieron en la zona.

Relata Hernández que Anasoli vivió de niña el asesinato de sus padres, junto a otros de sus familiares, quienes pagaron con sus vidas la lucha de defender sus costumbres, el derecho de vivir en su territorio y su cultura. Ella logró escapar del genocidio y huyó hacía las tupidas montañas de sus antepasados, buscando sobrevivir y es ahí, donde se hace guerrera. Reaparece en 1618, junto con su esposo “El Tigre” y su sobrina, la temible Inguet Yio, en el territorio Gayón y Los Camagos (Lara) “convertida en la cacica vengadora de sus tierras, cursos de agua y su cultura”. Organizó a unos  2.000 guerreros, que defendieron ferozmente las comarcas, hoy tierras bobareñas.  Entre 1618 y 1668, este pueblo peleó con gallardía por sus tierras y costumbres.

El guerrero Rigoberto Rivero Vivas, de la comunidad La Puerta de Bobare, y quien elaboró el cofre donde se guardan los resto simbólicos de la indígena, recordó los relatos de sus abuelos y tatarabuelos, sobre el ímpetu indómito de Anasoli y su visión estratégica para el combate. “Era una mujer muy valiente e inspiraba a los demás aborígenes a la batalla. A los que estaban sumisos, a los que tenían miedo, ella los inspiraba. Salía siempre a la cabeza a pelear, luchaba en modo fugaz. Llegaba, atacaba y se escondía y nunca se quedaba en una lucha mucho tiempo”, describió Rivero Vivas.

Dice que Anasoli sabía discernir entre lo que era el trueno o los tiros de los fusiles. “Ella sabía que eso era lo más mortífero que había, el polvo negro, el polvo de la muerte, la pólvora; pero ella se dio cuenta que mojada no servía y siempre buscaba hacer sus ataques en tiempos de lluvia o que tuvieran que cruzar algún cauce de río o quebrada, que al pasar se le mojara y no era muy efectiva la pólvora”. Le gustaba andar camuflada con ramas de amargoso en la espalda, para que los españoles, no la pudieran ver ni alcanzar.

Según Rivero Vivas, “no se supo si dejó descendencia, tenía su esposo y sus hermanos y hermanas. No está documentado si dejó hijos. Fue de mucho valor su defensa por la tierra, la libertad, el agua y los ideales de los ancestros”, infirió.

Anasoli tuvo una muerte cruel. Siendo una mujer hábil, ingeniosa, disciplinada, ágil, indomable, briosa y feroz, los colonizadores españoles, la cazaron y empalaron (sentada sobre un palo y atravesada). Fue descuartizada de la manera más infame, “en un intento de que ni su alma quede, que no haya sitio para verla. Y por supuesto, con el propósito de amedrentar y sembrar terror”, revelaron historiadores en un encuentro realizado el pasado mes de septiembre.

Legado

Hoy día, los gayones que conforman diversos Comités de Pueblos Aborígenes, sostienen que la lucha siguió después de la presencia de su guerrera Anasoli, “por mantener la identidad como pueblo”, recalcó Pastora Hernández, quien también refirió que al pueblo Gayón, “el capitalismo burgués explotador, le arrebató sus tierras llamándolos campesinos, solo por miedo a no reconocerlos como nacionales”. La vida y quehacer comunitario de Anasoli, como gran estratega del pueblo Gayón en defensa del territorio venezolano y su cultura, ha motivado a estudiantes, expertos, historiadores y a descendientes directos, a encontrarse con el objetivo de exponer, conocer y compilar hechos importante de su actuación, para el reconocimiento pleno como heroína de la Patria, fundamentando su morada en el Panteón Nacional, junto a otras patriotas como Eulalia Ramos Sánchez (Miranda), Petronila Mata Romero (Nueva Esparta) y Josefa Joaquina Sánchez (La Guaira).

El Centro Internacional de Estudios para la Descolonización, a cargo de Humberto González, promueve actividades de sensibilización y reconocimiento de la historia de Anasoli, con la participación de las autoridades aborígenes, quienes han protagonizado ceremonias ancestrales en su honor, en los pueblos Banco Baragua, Las Mayitas, Kumunibare, Akuaima, Humocaro Bajo, La Vega, Las Palmitas del Potrero, Cucharal, Bobare y La Puerta, en el estado Lara; igualmente, ha permitido el encuentro de los pueblos Ayamán y Gayón, el cual no ocurría desde el 27 de agosto de 2009. Lo recolectado pasó a conservarse en un cofre elaborado en piedra granito como reservorio histórico perenne de icónicos puños de tierras de esos pueblos y sus nuevas generaciones de gayones.

DATOS

Teresa Carreño Sus restos llegaron a Venezuela en 1938,  pero no fue sino hasta 1977 cuando fueron llevados al Panteón Nacional.

Teresa de la Parra Los restos fueron trasladados a Venezuela en 1947 y llevados al Panteón Nacional en 1989

Luisa Cáceres de Arismento El 24 de agosto de 1876 sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional, convirtiéndose en la primera mujer en entrar al más alto altar de la Patria.

Manuela Sáez La Libertadora del Libertador o Manuelita reposa, con sus restos simbólicos, desde el 5 de julio 2010 en el Panteón trasladada con honores militares.

Las mujeres también reposan en el Panteón Nacional

Nueve aguerridas mujeres, de las artes, la cultura y patriotas reposan en el Panteón Nacional, junto a los héroes de la Patria que lucharon por la independencia de Venezuela y, aunque no todas estuvieron en esas luchas, han dignificado la venezolanidad con su quehacer.

El Panteón Nacional resguarda los restos de 146 personajes históricos (hasta octubre del 2017) entre militares, historiadores, hombres de letras, presidentes, próceres que han prestado un servicio eminente a la República y de cuyo fallecimiento han pasado 25 años.

Las últimas mujeres en llegar, en el 2017, con sus restos simbólicos fueron Hipólita y Matea, esclavas que participaron en la crianza del Libertador Simón Bolívar, y la líder indígena originaria de los Valles del Tuy: Apacuana.

Reposan en el Panteón, los restos de Luisa Cáceres de Arismendi, Manuela Sáenz, Teresa Carreño, Teresa de la Parra, Josefa Camejo y Juana La Avanzadora. Aunque los de Josefa Camejo no están allí, porque no se han encontrado, las autoridades nacionales han considerado que deben ocupar un puesto en este templo de la Patria y allí se esperan.

Este año, también se aprobó el traslado al Panteón Nacional de las heroínas  Eulalia Ramos o Eulalia Buroz, de Tacarigua estado Miranda, y quien formó parte de las tropas realistas junto al Libertador Simón Bolívar.

Josefa Joaquina Sánchez, de La Guaira, conocida también como “La Bordadora”, porque fue quien bordó la primera bandera nacional. Fue la esposa de José María España, quien dio los primeros pasos hacia la independencia con la llamada Conspiración de Gual y España, lo cual le costó la vida.

Otras que también serán reconocidas con su ingreso al Panteón Nacional son: Ana Soto (Anasoil), de Lara, líder indígena de la etnia Guayón y que luchó contra la invasión colonialista española, y Petronila de la Concepción de Mata Romero (Petronila Mata) de Nueva Esparta, una heroína margariteña, nacida en Santa Ana del Norte y luchadora por la Independencia de Venezuela.

El artículo 187 de la Constitución de la República Bolivariana, en su numeral 15, da los lineamientos para el ingreso de personajes al más alto altar de la Patria: el Panteón Nacional.

Fuente Ultimasnoticias

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