enero 20, 2022

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🇨🇺Cuba agotada

Cuba padece el peor gobierno en su más dramática encrucijada política.

Cuba está agotada y, contrario a las tesis infantiles de sus dirigentes, no se trata de una fatiga temporal, sino la constatación de que el comunismo no funciona por su carácter liberticida y la carencia de un plan oficial para detener y revertir la crisis estructural, que ha dejado en cueros al presidente Díaz-Canel y al general de división Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, en sus afanes putinescos de construir un capitalismo de estado.

Las desproporcionadas condenas a los cubanos injustamente detenidos por la rebelión popular del 11J, el destierro forzado de opositores y el drenaje migratorio como alivio a la tensión interna conforman un país dividido en dos bandos y de ancianos dependientes, abandonados a su suerte con magras pensiones y limosnas de vulnerables.

La pandemia de coronavirus -otra vez en auge con las variantes ómicrom y delta- fue una bendición justificativa para la dirigencia anticubana, paralizada por el miedo desde el frenazo al embullo Obama; y que solo argumenta las 243 medidas de Donald Trump, la política continuista de Joe Biden y la Covid-19, como causantes de las desgracias de Cuba, negando la evidencia mayor de sus incapacidades y rechazo de la mayoría de los ciudadanos a sus improvisadas ocurrencias.

Cuba padece el peor gobierno en su más dramática encrucijada política; el partido comunista es un cascarón vacío de ideas y soluciones reales, la Asamblea Nacional es un mero departamento y -como en toda tragedia- comienzan a aflorar actos de magia emocional y simplona en torno a la figura del extinto Fidel Castro; ridiculizándolo en cada chapucería perpetrada por descerebrados mandantes.

Desde hace años, Cuba carece de libertad, justicia, pan, educación y salud de calidad, medicamentos, protección social, agua potable, red de trasporte colectivo; mientras soporta incremento de la violencia social e intrafamiliar, una policía fallida y corrrupta, siniestralidad laboral y vial, derrumbes totales y parciales que agudizan la escasez de viviendas confortables y de sosiego.

En el capitalismo, el reto de los asalariados consiste en llegar a fin de mes; en Cuba, obreros y profesionales afrontan el desafío de llegar a fin de día.

Pero el plan de los gobernantes consiste en culpar a los yanquis y el coronavirus, dividir a cubanos entre dignos e indignos, según el medidor del grosero e incapaz ministro de Economía, jinetear a la solidaria emigración cubana, que no ha fallado a sus hermanos desde 1977, cuando La Habana tendió puentes para ganar dinero con el dolor de los exiliados por sus rehenes en la isla.

Cuba está urgida de una alternativa de gobierno que ofrezca a los maltratados ciudadanos la sencilla fórmula de libertad, justicia, reconciliación nacional, crecimiento económico y solidaridad; que es el camino del éxito, no exento de sabotajes y dificultades, frente a la banalidad de parásitos cobardes e incapaces de entender los retos de la nación.

Los cubanos necesitan y demandan un liderazgo político que promueva lo mejor de la nación y una lucha sin cuartel contra las humillantes pobreza y desigualdad, frente a gobernantes, empeñados en mostrar su incapacidad y cobardía cotidianamente y evitar en lo posible, caer en la trampa saducea de que los guardias son buenos administradores y los civiles un desastre.

Los generales, primeros coroneles y coroneles donde mejor están es en los cuarteles y no enriqueciéndose a costa de los cubanos; que no han visto escampar en medio siglo, cuando la independencia y la soberanía nacional fueron menoscabadas por los mantenedores soviéticos y chavistas.

Si mañana Irán picara el anzuelo de La Habana, asistiríamos al esperpento de un programa priorizado de construcción de mezquitas y aniquilación de babalawos encantados de servir al poder en cada Letra del año, a cambio de vista gorda ante sus desmesuradas y lucrativas ofrendas.

Cuba está obligada a derrotar la cultura de la pobreza impuesta por la casta verde oliva y enguayaberada para intentar ser un país normal, donde vivir sea grato, renunciando a cualquier tentación totalitaria de pretender ser faro y guía de nada, pese a que las tinieblas ensombrecen la isla triste y empobrecida por el comunismo de compadres.

Fuente Cibercuba

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